
Planificando lo que sería un fin de semana de sexo, lujuria y placer; empaque todo lo necesario para levantarme uno o dos maecitos bien bronceados.
Obvio no había tomado en cuenta que el Hado, la Fortuna, la Suerte, o el puta Destino no estarían de mi parte y la maldición del sapo pelón que cargo desde hace tres meses se iba a lucir como nunca la muy desgraciada.
Al llegar al hotel noté que estaba misteriosamente tránquilo y eso que era hora de entrada. En la recepción había dos personas haciendo el registro, dos señoras mayores.
Después de registrarme y dejar las maletas en la habitación salí a conocer aquel paradisiaco hotel 5 estrellas, corona de oro y corona de plata. Increíbles instalaciones, amplias zonas verdes, wet snack bar, dos piscinas, salida al mar y transporte interno.
Después de caminar un rato me percaté de lo que temía, el hotel estaba desierto (sólo habían doñitas de la tercera edad y gringos gordos y sudorosos), o sea estaba totalmente desierto. Así que mi idea de llevarme a la cama a algún mae que estuviera hospedado quedó descartada... El personal del hotel (todos bilingües con un perfecto acento californiano) pasaban por ser puros viejos gordos, sudorosos o mal encarados. Pablo de la recepción era el único que hacía méritos pero el muy heterosexual dejó en claro su preferencia al referirse a una compañera como una rrrica.
Al fin bajé a la playa, desierta también, aproveché para broncearme un rato, nadar en el mar y refrescarme del terrible calor del pacífico norte de mi país. Alguno que otro hombre pasó por la playa. Una loquita (gay amanerado) caminaba como diva en desfile acompañando a una modelo famélica y poco agraciada. La loquita con reflejos dorados en su cabello, mangano azul y camiseta sin mangas a lo lejos lucía muy bien, de cerca era absolutamente vomitable (panzón, con la cara comida por el acné y bastante falso su color de cabello) Nexxxxxxxxxt...
Para no hacer largo el cuento al fin de los tres días y de asistir al karaoke (obvio no canté), al bailongo en la piscina del bar, caminar por todo el hotel en actitud de bestia hambrienta (de sexo) no logré llevarme a mi cama más que mis pies doloridos.
Cuatro días en la playa, muchos litros de agua, coca cola y unas cuantas smirnoff ice después, con un bronceado fantástico, muchas horas nadando en el mar, lleno de fotografías y un par de manolas, regresé a mi casa.
Si alguien sabe como me sacó la maldición del sapo pelón, pues se lo agradecería muchisimo.
Se aceptan voluntarios también.